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miércoles, 17 de marzo de 2010

Consigna adjetivos, Rosa

Aquí van, qué difícil, recarámbanos. Es increíble lo asociados que están ciertos adjetivos a ciertos
sustantivos. No tengo vocabulario, buaaaaaaa

Teléfono: azul y distante
Discusión: fría y rápida
Cabello: jaspeado y torcido
Pared: Abultada y diminuta
Herida: Achinada y despierta
Suceso: Plano y sumiso
Incendio: Domado y solitario
Guerra: Soleada y pactada
Tiempos: Locales y apisonados
Camiseta: Única y decadente
Tomates: Dulces y tristes
Calor: sectario y tardío
Expresión: Canina y triangular
Barrio: Matemático y flojo
(Resto del texto suprimido para la lectura pública para respetar derechos de autor)

Rosa:mi texto

Capa de armiño
Tú llegaste hombre y humano, y nos supimos amar desde el primer momento, aunque desde el primer momento me dijiste que yo no era el tipo de mujer que te gustaba. El caso es que nos enamoramos, no lo niegues. Lo niegas. Lo sé. Pero nos amamos juntos con amor del bueno. No importa. Yo me enamoré y lo reconozco. Me gustan nuestras cenas cuando cocinas aletas de tiburón con ajos de trasmania y escamas de sal de Londres. Me gusta tu cara cuando provocas mi mente y te gusta que mi cuerpo vaya detrás, y después nuestros cuerpos juntos perfectos ejecutores de fantasías. Me gustan muchas cosas de ti, o más que de ti, de nosotros, nuestras cosas juntos, en un estar sin que se sepa, un estar sin familias, sin compromisos, los dos, cuando queremos, cuando podemos, cuando decimos que podemos o queremos. (
Resto del texto suprimido para la lectura pública para respetar derechos de autor)

miércoles, 10 de marzo de 2010

Recorrido 'El cerdito' (Rosa)

Me cuesta hacer análisis, así que –como dice ProfeGra que lo importante es responder- me explayo sin ton ni son. A ver si semana a semana voy aprendiendo.

A decir verdad me recuerda al cuento de los tres cerditos y el lobo. Aquel en el que los tres cerditos no debían abrir la puerta a nadie, y el lobo metía la patita en harina para disimular que era lobo. Los engañaba y se los zampaba. Aquí es al revés: Los tres cerditos ‘es’ la viejita, y el lobo ‘serían’ los tres niños, que se ‘zampan’ a la viejita. La abuelita abre la puerta a los nietitos-lobos, y la engullen, se la zampan, y nadie enseña la patita, ni los lobitos- nietos/ ni la abuelita-cerdita. La abuela no toma ningún tipo de precaución, al contrario, fomenta que los chicos vengan a su casa, ni siquiera imagina que le puedan hacer daño, el lector tampoco, son niños que viven en un barrio miserable, una abuelita generosa, con un interés concreto: recordar a su nieto, que no tengo claro que ha pasado con él, (se ha muerto, se fue con su padre), lo ha perdido. No hay motivo, no hay detonante tampoco, no pasa nada que dispare el acontecimiento. Ella no se mete con ellos, lo deciden en el momento, han tomado las golosinas, es decir, han venido como todos los días. Y zas.

Es lo que me sugiere el cerdito. Amén de la 'cerdada' de cargarse ‘así’ a la abuelita encantadora y confiada.

La ausencia moral de los niños es evidente. Lo hacen desde la frialdad más absoluta, y desde el conocimiento directo de la agresión, dale otro golpe por si acaso. Pero antes de eso han sido niños, con los mofletes hinchados por la golosina, y después Guido, ahorra el dinero robado, como hacen los niños buenos de barrios que no son humildes, para ¿comprarse algo?, para lo que sea: los ahorros en la hucha son símbolo de alguna ilusión.

La ausencia mayor es la de sentimientos en la narración: cero, nada. Y es esa ausencia de sentimientos la que genera en el lector un sentimiento de rechazo doble: por la agresión en sí, y por la ausencia de moral.

Eesulta destable la frase, al final: y extrajo la alcancía blanca y manchada. Blanco, mancha. Es como el niño: inocente porque es niño pobre que vive en barriada humilde, no es culpable de ello, y hace lo que hace porque no sabe hacer otra cosa. La mancha es la agresión a la abuela, agresión con muerte, agresión asegurada.

Consigna Escribir es, Rosa


Escribir es para mí como tomar café caliente en medio de la playa una tarde de Enero.
Es como ser un pocodios los domingos, cuando dios descansa.
Es como ponerme un sombrero de copa y pasearme saludando a los vecinos por la plaza mayor
Es como tomar una aspirina cuando me duele la cabeza.
Es como un dolor de cabeza.
Es como desatar el nudo de una soga en la garganta.
Escribir para mí es como desatar el lazo que envuelve un paquete de regalo.
Escribir es para mí como lanzarme al vacío y encontrar una colchoneta hinchable que me recoge, y luego me lanza de vuelta sin un rasguño.
Escribir es como saludar al inconsciente cara a cara sin ir al psiquiatra.
Escribir es estar loca y no tener que justificarlo.
Escribir es para mí como extender la base de maquillaje fluida sobre la cara y no maquillarme después.
(Resto del texto suprimido para la lectura pública para respetar derechos de autor)

Rosa:mi texto

-Pablo, te has dejado la carta –le dice, extendiendo el brazo dentro del coche. –Lo siento. Es una putada, es una gran putada, tío – Pablo le mira, no mueve ni un músculo para recoger la carpeta, no dice nada – tú tranquilo, que todo se arreglará, ya verás – le da un golpe en el brazo, Pablo no se mueve. – Vete a casa y ya, verás, todo, eh, se pasa, ya verás, yo te llamo, me llamas, tienes mi teléfono, venga tío, un par de cojones, ahora, eh.
Pablo asiente con la cabeza, cierra la portezuela del coche y despide con la cabeza a su compañero de trabajo, que hace gestos exagerados acercando el puño cerrado a la oreja.
-¿Dónde vamos? –dice el taxista.
-Al centro –el taxista le mira por el retrovisor, como si las palabras de Pablo fueran el zumbido de una avispa molesta a la que estuviera dispuesto a liquidar de un plumazo.
(Resto del texto suprimido para la lectura pública para respetar derechos de autor)

miércoles, 24 de febrero de 2010

Consigna, Rosa

Atardecía cuando por fin llegó, y

descubrió que su mujer no estaba. Tal y como preveía, no dejó ninguna nota. Isabel podía ser muy terca si se lo proponía, y en los dos últimos meses se había propuesto ponérselo difícil. Más difícil.

(Resto del texto suprimido para la lectura pública para respetar derechos de autor)

jueves, 18 de febrero de 2010

Consigna Autobiografía, Rosa

Si fuera una gata, estaría en la mitad de mis siete vidas. En la mitad más uno, porque ésta es la cuarta vida que me ocupa. Y eso si no estoy contando mal. Cuatro vidas y soy más joven que paqué, cuarenta y ocho años, que a mí la edad no me cuesta decirla, lo que pesan son los kilos.
Lo bueno de nacer de nuevo a los 48 es que no tienes que pasar por esa larga etapa de la infancia que es tan importante. Si fuera una niña chica ahora, me moriría de miedo, y seguramente no sabría serlo. No sabría ser pequeña porque es difícil abrir los ojos cada día y descubrir descubrir descubrir sin parar, cada momento. No, eso ya no sabría hacerlo. Pero me voy por ahí con mi cámara digital y flas flas flas, alucino con lo que veo, y lo retrato por si acaso, en una de estas, la foto refleja la respuesta, o la pregunta. O escribo y escribo. Es lo mismo.
(Resto del texto suprimido para la lectura pública para respetar derechos de autor)